domingo, 6 de marzo de 2011

Fobia a las fobias

Buscando información en internet sobre por qué el número trece (casualmente mi número preferido) es conocido como el de la mala suerte, me topé con la palabra 'triscaidecafobia': miedo irracional al número trece. Y me lie, me lie y acabé reuniendo una ristra de quinientas y pico fobias. Es lo que tiene internet, que te pones a leer algo mínimamente productivo y acabas saturando el navegador con pestañas de páginas que luego no sabes ni de dónde han salido.
Si buscamos en la RAE, encontramos la siguiente definición de 'fobia':
  1. Aversión obsesiva a alguien o a algo.
  2. Temor irracional compulsivo.
Lo que me llevó a buscar la palabra 'aversión':
  1. Rechazo o repugnancia frente a alguien o algo.
Ojeé todas para ver si me identificaba con alguna y solo encontré una: la pnigofobia o pnigerofobia, miedo a ahogarse o atragantarse. No en un grado que se pueda considerar obsesivo, pero sí es verdad que le temo mucho a que me hagan aguadillas o a atragantarme, sobre todo si estoy sola en casa, por ejemplo, y no hay nadie que me pueda socorrer.
Más tarde recordé que me da mucha “cosa” que me pase la gente por detrás sin que yo lo sepa. Por ejemplo, en mi despacho la puerta está detrás de mi mesa y no puedo soportar que se quede abierta porque podría no oír a alguien que entrara. Puede sonar raro, pero os aseguro que las hay bastante más insólitas... El caso es que busqué (o “gugleé” como se dice ahora) y no vi por ninguna parte nada escrito sobre algo parecido.

Me dio que pensar: con que todos tengamos una fobia que no esté recogida en ningún corpus, ya son unos cuantos millones de miedos y aversiones los que nos amenazan diariamente.
Estuve preguntando a compañeros y amigos y casi todos me decían alguna fobia clara, algunas más míticas que otras: al fondo del mar, a que les tapen la boca con la mano, a las cucarachas, a algunos (que no todos) grifos de ducha, a agacharse, a que se queden los armarios abiertos al ir a dormir...

Qué absurdos somos a veces los seres humanos, cada día nos arriesgamos a miles de tipos de muertes (atropello, descalabro, envenenamiento, sobredosis...) y sin embargo nos da miedo dejar el armario abierto al ir a dormir o un inocente grifo de ducha. Admitámoslo: estamos mal hechos.

No me imagino lo difícil que debe de ser sentir rechazo o miedo a la gente calva (peladofobia), a la suegra (penterafobia), a las barbas (pogonofobia) o a la menstruación (menofobia). Aunque en el día a día, sobre todo en la televisión, sí que vemos claros ejemplos de fobias al conocimiento, a pensar, a envejecer, a los cambios o a las responsabilidades (epistemofobia, fronemofobia, gerascofobia, metatesiofobia y paralipofobia, respectivamente).

Que por cierto, ¿quién cojones les pone esos nombres? Porque lo de 'peladofobia' está curradísimo. Pero es que luego está la 'hipopotomonstrosesquipedaliofobia', aversión a las palabras largas... ahí se lucieron. Desde luego una persona que padezca este mal preferirá definirse como rarilla antes que pronunciar este término.

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